Moisés Serna, tamboritero

“Mi juguete favorito de pequeño era el tambor de lata”

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MUY PERSONAL

Fecha de nacimiento: 25 de noviembre de 1934.
Lugar de nacimiento: Aceñaba (Cabezón de Liébana). Residió en Potes, Torrelavega y Santander. En la actualidad vive en Santa Cruz de Bezana.
Profesión: Jubilado.
Trabajó en la ganadería y posteriormente en la construcción como encofrador.
Discos: El tamboritero lebaniego grabó un disco con el gaitero Sergio Sordo, editado por Cantabria Tradicional.
Colaboraciones: Atlántica, Coro Ronda Altamira y en los recopilatorios de los festivales Magosta de Castañeda y Sauga de Colindres. También tocó en el grupo de gaitas Macario, fundado por Roberto Diego.
Premios: Homenajeado en la cuarta edición de la Gala del Folclore Cántabro. Es miembro del jurado del concurso Pozu Jondu en los instrumentos de tambor y gaita. Nunca se ha presentado a competir en certámenes. Siempre ha acompañado a gaiteros cántabros, desde los históricos de Liébana hasta los más jóvenes

Estuvo durante veinte años sin tocar su instrumento cuando se trasladó a vivir a Torrelavega. Es un hombre de porte elegante cuando percute el tambor, que ya era su juguete favorito de niño. El lebaniego Moisés Serna es una institución del folclore regional, un músico que acompañó a leyendas de la gaita como Macario y Florencio Prado, que ha tocado con ‘folkies’ como Roberto Diego y que ha grabado un disco con el joven gaitero santanderino Sergio Sordo, con el que sigue actuando en bodas. Moisés Serna defiende la cantabricidad de la gaita porque se interpretaba en los valles de la comarca occidental. No se considera el mejor tamboritero, pese a que casi todos los del gremio le apuntan a él.

-Dicen que usted es el mejor tamboritero de Cantabria.
-Lo he oído muchas veces, pero no, no lo creo. Puede que haya algo de verdad como tamboritero de acompañamiento de gaitas porque he nacido en Liébana. Pero los hay muy buenos en el campo de los piteros.

-¿Qué diferencia existe entre acompañar el sonido de una gaita y el de un requinto?
-La gaita te obliga a seguir la música y a marcar ritmos muy distintos, mientras que el requinto sigue al redoblante, que toca una caja de manera más seguida.

-Qué polémica se ha montado en estos últimos años sobre la gaita, que sí es un instrumento autóctono, que si es importado…
-Cantabria tiene varias fronteras. El occidente linda con Asturias, León y Palencia. En el límite con Asturias siempre se tocó la gaita, en San Vicente del Monte, Labarces, Casamaría, Cabanzón, los pueblos de Liébana. A medida que nos acercamos al País Vasco, en Liendo o Guriezo, se tocaba el silbo, que es parecido al txistu vasco, una flauta de tres agujeros. En Campoo, se tocó el rabel y la dulzaina por su proximidad con Castilla. El requinto o como se conoce popularmente el ‘pito’, es más montañés por eso los piteros proliferan en la zona central. En Cantabria se tocó la gaita en la zona occidental y yo puedo dar testimonio de ello porque acompañé con el tambor a Florencio Prado, Joaquín el de Tanarrio, Domingo ‘El Portugués’, Santiago Miguel.

-La pandereta sí se toca en todas partes.
-La pandereta es el instrumento madre en Cantabria. Mi progenitora fue panderetera, uno de mis hermanos tocó el tambor y otro la gaita. Hubo una tradición musical en mi casa de Aceñaba, un barrio de Piasca.

-¿A qué edad aprendió a tocar el tambor?
-Mi juguete favorito desde pequeño era el tambor de lata. Si llegaban los Reyes Magos sin tambor, era como si no tuviese regalo. Cada año me pasaba tocándolo hasta que lo abollaba. A los 6 años ya tocaba con un gaitero.

-No me lo puedo creer.
-Pues créaselo. Se llamaba Macario, era del barrio de Los Cos. Era un pastor que cuidaba cabras y ovejas. Fue el único gaitero que quedó en Liébana después de la guerra civil, aunque después volvería la afición. Macario tocó la gaita hasta los 60 años y le acompañaba con un tambor de metal y de palomillas que me regaló. Mataba una oveja para las fiestas de Piasca y tocábamos durante la tarde y la noche. Yo me quedaba dormido encima del tambor. Los gaiteros eran la orquesta de los pueblos.

-Eso me han dicho también de los piteros.
-Eso es normal. Un gaitero o un pitero en una fiesta era la bomba.

-Usted fue el acompañante durante bastante tiempo del mítico Florencio Prado. ¿Qué recuerda de aquellos tiempos?
-A los 10 años dejé de tocar con Macario, y durante un tiempo acompañé a varios gaiteros, hasta que apareció Florencio. Tocamos en muchas fiestas de Liébana. A los 12 años nos fuimos de Aceñaba y nos trasladamos a Potes. Se murió mi padre y yo estuve un año solo con mi madre hasta que nos fuimos a Torrelavega. Dejé de tocar con Florencio Prado y abandoné durante dos décadas el tambor. Me ganaba el sueldo como encofrador.

-Tiempo de silencio.
-Algo así, hasta que a mediados de los 70 entré en un bar de Barreda que regentaba Nando, El Asturiano.

-Y que tocaba la gaita.
-Eso es y me volví a animar a tocar el tambor otra vez. Conocí al gaitero Santiago Conde en Santander, que tenía un taller de carpintería. El folclore estaba muerto y Chuchi García Preciados contribuyó mucho a recuperar la música de nuestra tierra.

-¿El Festival de Cóbreces supuso un punto de inflexión?
-Eran los 80 y participé en el I Festival de Folk de Cóbreces, el pionero de todos los festivales. Salieron gaiteros como García-Oliva, Lolo el del Monte, José Luis, el de Mazcuerras y José Ángel Velasco. A raíz de aquella eclosión nació Luétiga. Creo que uno de los grandes culpables de la recuperación de la gaita como instrumento autóctono ha sido Roberto Diego.

-Le aprecia.
-Es muy buena persona. En 1995 formó un grupo de gaiteros que lo llamó Macario, en homenaje al maestro y que ya había investigado. En el grupo estábamos Roberto Diego y Nacho García, con las gaitas, Miguel Cobo a la percusión y un servidor con el tambor. Tocamos por primera vez el día del Pilar en Camaleño. Como Roberto no podía ir siempre y tenía sus compromisos con Luétiga, metimos a Sergio Sordo, que entonces era un chavalín. Cuando Marcos Bárcena y Kate fundaron Atlántica, Miguel Cobo dejó Macario para irse con ellos. En el último periodo estuvimos Sergio Sordo y Nacho García con las gaitas, la panderetera Lorena y yo con el tambor. Hicimos muchas actuaciones y para mí fue una experiencia muy estimulante, pero todo tiene un principio y un fin.

-Me sorprende su relación tan estrecha con músicos del ámbito folk, generalmente cuestionados por los puristas de la música tradicional, género al que usted pertenece.
-Pero yo nunca he tocado folk, aunque me relacione con estos músicos. Siempre he trabajado en el área de la música tradicional. Macario es un ejemplo claro. Yo también opino que el folk ha perjudicado a la música tradicional con esos arreglos y retoques a las tonadas y canciones que no se sabe si arreglan algo o definitivamente lo desarreglan. Ellos han investigado en la música tradicional, la conocen bien. En el fondo partimos de la misma raíz, pero el estilo es diferente.

-¿Con qué compagina mejor el tambor?
-Con la gaita porque el tambor tiene una sonoridad más grave y más cuando tenían los parches de piel. La caja redoblante afina mejor con el requinto, eso también es cierto.

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