Pandereta

pandereta-ii-cantabriaDe la familia de los membranófonos percutidos con la mano, éste ha sido el instrumento de baile más utilizado en Cantabria.
Empleada en un porcentaje muy alto por manos femeninas, su ejecución raya el virtuosismo, siendo su aprendizaje tarea nada fácil.
Dependiendo de la región de Cantabria donde nos encontremos, se observan, aunque parecidos, diferentes estilos de tañerla. Antaño era casi imposible encontrar un pueblo donde no existieran una o varias pandereteras.
Las tocadoras de pandereta formaban dúos, cantando al unísono, con abundantes melismas, vibratos y potente voz.
A principios de siglo se tocaban panderetas de medio metro de diámetro y cuatro o cinco concavidades para las sonajas. Sirvió de acompañamiento al violín, la zanfona y, en algunos casos, a la gaita.
Tanto piezas para el baile a lo sueltu como para a lo agarran, bailes al santu o al ramu, componían el repertorio de las pandereteras cántabras.

“Para poner dique a esta tendencia a que antes me refería, disponen estas hogueras con todos los útiles tradicionales utilizando como combustible las más veces el rozo y como instrumento musical el pintarrajeado pandero de enormes dimensiones, grande como un triguero, así es la gráfica y castiza medida que las gentes utilizaban como término de comparación que combinado con las potentes y pocas veces bien limadas voces de las fornidas muchachas, da a estas fiestas lo que es suyo propio y tradicional”.
[“El Escudo” (Cabezón de la Sal), 30 de agosto de 1915. “De cosas nuestras”].

“Desde entonces la fiesta era arriba, en los altos. Una doble y larga fila de mozos y mozas, bailaban al son de alegres panderetas. Los brazos en cruz oscilaban acompasadamente de izquierda a derecha siguiendo los movimientos del cuerpo. Las tocadoras colocadas ante la doble fila de bailadores, en una pequeña eminencia que formaba el campo, tocaban enormes panderetas, haciendo salir de sus tersas pieles sonidos alegres, y de vez en cuando cantaban alguna copla: entonces, los pies de los bailadores movíanse más rápidamente y las panderetas redoblaban con brío”.
[Cuento “La Peña del Águila”, de J. Barrio y Bravo. En “La Tierruca” (Reinosa) N° 19, 28 de octubre de 1906].

Otros instrumentos musicales que tuvieron cierta difusión en el pasado en la animación de bailes populares fueron la flauta travesera de madera acompañada del tambor de tensores de cuerda, siendo Trasmiera el área de mayor uso de este instrumento. Antonio Carral y Perfecto Somaza, de Ajo; Ramón Torralbo, de Isla; Antonio Santander, de Riaño; Ignacio Barquín, de Ogarrio, han sido tañedores profesionales de esta pequeña flauta a finales del siglo XIX y principios del XX.
Hasta las primeras décadas del siglo XX y acompañándose de la pandereta se conoció el uso de la zanfona o rabel en los bailes populares cántabros. Emeterio Agudo, “El Pulga” (Penagos 3/3/1834-Santander 5/6/1909), fue nuestro zanfonista más famoso.
Todos los instrumentos aquí citados muchas veces sonaban acompañados por el repiqueteo del instrumento ibérico por excelencia: las castañuelas {tarrañuelas en cántabro), empleadas por los bailadores de toda Cantabria conocedores de su manejo.

Texto sacado del libro “La gaita cántabra” de Roberto Diego.

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